Siempre hay tiempo para saludar

Siempre hay tiempo para saludar

Hace poco tiempo me mude, por motivos personales y cosas del destino tuve que darle un giro a mi vida.

Ahora vivo en una urbanización llena de casas y de carros, sin mencionar los perros y los incontable gatos.

También viven muchísimas personas, aunque la mayoría siento que sufren de un síndrome muy común.

Ustedes se preguntarán ¿Todos sufren de un síndrome?, pues a mi juicio la gran mayoría, me atrevería a decir que el 95% de esa urbanización.

Todos padecen del síndrome, o más bien, complejo de superioridad que, irónicamente, es definido por expertos como la forma reactiva del complejo de inferioridad.

En este punto voy a citar al psicólogo Alfred Adler, autor del libro “Psicología de Individual”, quien define este complejo se da cuando “algunos neuróticos reprimen sus sentimientos de inferioridad y se creen así mismo mejores que los demás”.

Muy cierto, seguramente les a pasado que conocen gente así, ahora, sepan que realmente no son mejores, ni se sienten mejores que tú, solo están escondiendo sus debilidades.

Podemos tener más cualidades, estudios o experiencias que alguien más, pero no podemos olvidar que ante los ojos de Dios todos somos igual.

Es muy cierto que también que a veces nuestra rutina de trabajo, estudio o social nos consume, sin embargo debemos mantener activas las normas de cortesía y educación.

Siempre hay tiempo para saludar, para dar buenos días, buenas tarde y buenas noches, para pedir permiso y agradecer.

Ahora bien, si conoces a un “neurótico que reprime sus sentimientos de inferioridad” no juzgues, recuerda que su verdad es tan válida como la tuya.

Los comentarios están cerrados